miércoles, 26 de octubre de 2016

Los tableros sembrados.

Una secuencia de coloridos alientos,
  madrugadas que inspiran psicodelias en las cimas del pigmento;
  compasivos de floresta en los trapecios.
 Sus numeraciones  de emisoras de los trópicos utópicos.
Una contrarreloj de los espíritus de la arena.
 Los paisajes tallados de cada sentencia;
los virtuosos por las salas de relámpago .
El ajetreo de sus cabellos en nuestras cartas de aromas;
 en tableros sembrados de musicales destellos:
en los espacios de los limoneros…
poniendo a nuestros techos el pecho;
en nuestros paladares vigas de pan de amaneceres…
encendidos de cada querer en un reflejo de astros.
Derramados del consuelo de calles camufladas en sus licores grises.



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